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viernes, 14 de abril de 2017

Besos de libro #143 La leyenda de tierra firme (I)



—Y personas maduras que no nos escandalizamos con el sexo.
Ella sentía que sus pupilas se estaban dilatando. ¿Cómo si no podía verlo solo a él? Ni las errantes estrellas ni las luces de aquella ciudad anónima y centelleante. Solo Darrell McKay. El impresionante McKay. El guapísimo McKay.
Él se acercó lentamente, sopesando a cada milímetro si ella se apartaría. Se detuvo un instante cuando solo estaba a unos centímetros de su boca. Ariel lo miraba a los ojos. Negros los ojos de pupilas dilatadas. Entonces avanzó y la sensible piel de sus labios entró en contacto. Por un instante no sucedió nada más. Tan cerca sus ojos seguían clavados en sus pupilas, como dos faros que buscan un receso en la noche. Labios inmóviles. Pendientes de su destino. Cuando ella, lentamente, bajó los párpados, él supo que el permiso estaba concedido y entonces estalló el hambre atrasada que sentía.
En aquella postura imposible, de antiguos amantes, asomados a la barandilla que les devolvía la salpicaduras de las olas. Los devoró como una última comida, como un presidiario que espera el patíbulo, recorriendo su perímetro con la lengua, atrapándolos entre los suyos para morderlos suavemente, abriéndolos un poco más con la punta de su lengua.
Ariel reaccionó a aquella caricia. A pesar de su urgencia aquella boca era más delicada de lo que había imaginado. Actuó al principio dejándose hacer, pero aquellos besos mojados pronto surtieron efecto y empezó a participar en aquel juego de labios hambrientos que le arrancaba suspiros irrefrenables, escalofríos fuera de control y un terrible miedo al que no podía oponerse.
Darrell se puso de espaldas al mar y tiró de ella para colocarla frente a él. Aquel largo beso no se había interrumpido. Llevó sus manos a la cintura de Ariel, hurgando con los pulgares bajo la camisa. Desde allí ascendió lentamente aunque ya sabía que no había sujetador que lo detuviera. Sentía una urgencia que le era difícil controlar. Su sexo hinchado, palpitando contra el vientre de Ariel. Deseaba desgarrar aquella tela, sumergir la boca entre sus senos, beber sobre su piel cada gota que les devolvía el mar. Tenerla entre sus brazos se había convertido en toda una obsesión. Una lujuriosa obsesión. Ella apenas se movía. Concentrada en un beso que levantaba leves suspiros a ambos y la tenía enajenada.

 La leyenda de tierra firmeJ. de la Rosa

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4 comentarios:

  1. Hola! Me ha gustado mucho este besos de libro. Aun no he leído nada del autor pero tengo claro que de este año no pasa, jejeje.
    Besos!

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  2. No conocía el libro, gracias por la escena :P

    Un abrazote ^^

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  3. ¡Holaaa! Qué bonito beso <3 gracias por compartirlo. Igual no conocía el libro, ahora me ha dado curiosidad :P
    ¡Beesitos! :3

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  4. Hola!! menudo beso de escándalo aunque a mi me daría miedo en la barandilla de un barco jejeje. Besos!!

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